Para mejorar la situación

Han pasado más de diez años desde el estallido de la burbuja inmobiliaria y de la crisis económica en 2008. Esta crisis provocada por los bancos tuvo un efecto inmediato sobre la población trabajadora y las clases populares, en forma de recortes sociales y ataques a los derechos más básicos y fundamentales. En unos pocos años una buena parte de la población pasó de ser considerada clase media a llenar las colas de los comedores sociales, con desahucios masivos y precariedad.

Algunas medidas mejorarían considerablemente la situación como la derogación inmediata de la reforma laboral, el blindaje de la sanidad y pensiones públicas, y crear un parque de vivienda pública y asequible para todo el mundo, pero también es necesario implementar derechos sociales como la Renta Básica. No se trata de ninguna «ayuda» o subsidio como muchos piensan, pues estamos hablando de un derecho social reconocido para todas las personas por el simple hecho de ser ciudadanas/os y para garantizar una base económica mínima para la vida. El cambio vendría mediante la progresividad fiscal, es decir, quien más tiene tendría que pagar más impuestos, tanto grandes fortunas como empresas, y esos ingresos revertirían hacia abajo redistribuyendo la riqueza. Recordemos que en este país se pierden cientos de millones en impuestos por evasión, «paraísos» e ingeniería fiscal.

El tener una cuantía mínima para la subsistencia evitaría muchas situaciones dramáticas que todos conocemos. Por encima de la producción y el beneficio de las empresas y de las cifras macroeconómicas están las vidas y necesidades de las personas en cuanto a vivienda, alimentos, sanidad y educación, y si vivimos en un mundo imperfecto que no garantiza una vida digna, ¿qué mejor manera de empezar a revertir eso que mediante un reparto justo de los recursos a través de la Renta Básica?

Gustavo Sánchez Gómez miembro de la Plata forma por la Renta Básica Universal de Córdoba

Publicado también en: https://www.diariocordoba.com/noticias/lectores/mejorar-situacion_1308901.html

El laborismo pondrá a prueba la renta básica si gana las elecciones

El laborismo pondría a prueba la renta básica si llegara al poder, según ha revelado el ministro laborista de Economía en la sombra, John McDonnnell. Los programas piloto se ensayarían en Liverpool, Sheffield y las Midlands, declaró McDonnell al Daily Mirror.

El plan permitiría prescindir de la necesidad de asistencia social, pues a cada ciudadano se le otorgaría una suma fija que cubriera lo básico, ya fuera rico o pobre, con trabajo o en paro. McDonnell declaró que la gente puede gastar el dinero como desee, pero está concebido para los estudios, para crear un negocio o dejar de trabajar para dedicarse al cuidado de un ser querido.

“Me gustaría ver alguna ciudad del norte y de las Midlands en el programa piloto, para que pueda haber amplitud”, afirmó. “Me gustaría que estuviera Liverpool – claro que sí, yo soy “scouser” [mote de los nativos de Liverpool] – pero Sheffield ha llevado a cabo una labor realmente intensa. He estado implicado en su campaña contra la pobreza y han trabajado mucho acerca del salario mínimo real. Creo que esas ciudades serían ideales, así como algún lugar de las Midlands”.

Se han llevado a cabo ensayos en otras partes del mundo, entre ellas Kenia, Finlandia y los EE.UU., y se está explorando potencialmente en las ciudades escocesas.

Al ministro en la sombra se le entregó esta semana un estudio de viabilidad de diferentes modelos de renta básica universal (RBU) para zonas de bajos ingresos, entre ellos uno en el que toda la comunidad recibiría la renta básica. Se eliminarían todas las prestaciones basadas en la estimación de medios económicos – con excepción de las prestaciones de vivienda – y a todos los adultos se les entregaría una cantidad fija por mes, además de una cantidad adicional por cada uno de los niños que tengan.

“Se trata, por supuesto, de una idea radical”, declaró McDonnell. “Pero me acuerdo de cuando estaba en los sindicatos – haciendo campaña por las prestaciones infantiles, que es casi como la RBU –, se consigue una cantidad universal de dinero sobre la base de tener un niño. “La RBU comparte ese concepto. Se trata de ganar el debate y de diseñarlo bien”.

El concepto lleva existiendo desde los años 60 y apareció en las elecciones presidenciales norteamericanas de 1972, a lo que siguió la introducción de un programa denominado Experimento de Renta Básica de Manitoba en Canadá en 1975.

En el Reino Unido, la organización benéfica Citizen’s Income Trust ha ido animando el debate durante 35 años. Pero algunos críticos temen que la RBU resulte demasiado cara, entre ellos John Kay, exdirector del Instituto de Estudios Fiscales.

“Si hacemos números, o la renta básica resulta baja de un modo irreal o los tipos fiscales para financiarla son inaceptablemente elevado. Eso es todo”, afirmó.

Pero McDonnell está convencido de sus beneficios. “La razón por la que la aplicamos se encuentra en que el sistema de seguridad social se ha venido abajo. Necesitamos una alternativa radical y vamos a analizar ésta. Miraremos las opciones, desarrollaremos los programas piloto, y veremos si podemos lanzarla. Si se analiza el programa piloto de Finlandia, se deduce que no hizo mucho en términos de empleo, pero sí en términos de bienestar, en cosas como la salud. Fue algo bastante notable”.

“La otra cosa que consiguió fue que aumentara la confianza en los políticos, lo que no deja de ser una buena cosa”.

Texto original en inglés

Traducción: Lucas Antón

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/el-laborismo-pondra-a-prueba-la-renta-basica-si-gana-las-elecciones

Vía Rebelión.org

Daniel Raventós: “Salvar la banca es más bestia que dar una renta básica a todo el mundo”

La Marcha Básica llega a Madrid para reclamar la implantación de una renta básica universal. (Imagen de Adolfo Luján)

 

La prueba piloto de la renta básica en Barcelona ya es una realidad. Un millar de vecinos y vecinas en situación de pobreza la están recibiendo cada mes. Una vez finalice el experimento, ¿se aplicará definitivamente?

Daniel Raventós, doctor en Ciencias Económicas y profesor titular de Sociología en la Universidad de Barcelona (UB), opina que la renta básica es una medida de política económica ideal para acabar con la pobreza.

El presidente de la Red Renta Básica es un claro defensor de esta propuesta, que aún no se ha aplicado al 100% en ningún país. Raventós nos habla de los efectos de la renta básica, las opciones para financiarla y las posibilidades de que acabe aplicando a algún país.

La entrevista la realizó Júlia Hinojo para xarxanet.org

–¿Qué diferencia hay entre la renta básica y la renta garantizada?

–La renta garantizada es condicionada. La básica, no. Con la renta básica no necesitas demostrar que no llegas a un umbral de renta, ni asistir a determinados cursos, ni tener algún tipo de enfermedad… La renta garantizada es sólo para personas pobres y la renta básica se daría a toda la población.

–En el reino de España ¿se darían 850 euros mensuales a todos los ciudadanos/as de aplicarse la renta básica?

–Si la pregunta es si el Amancio Ortega recibiría la renta básica, la respuesta es sí. También. Pero las personas que, como él, forman parte del 20% de la gente más rica del Estado, acabarían perdiendo, porque tendrían que pagar más impuestos.

–¿Los ricos financiarían la renta básica, según eso?

–Es preciso una reforma fiscal para financiar la renta básica. La reforma debe consistir en una redistribución de las rentas. He escrito con Jordi Arcarons y Lluís Torrens un libro y múltiples artículos en el que explicamos qué representaría la reforma y cómo se financiaría. Perderá el 20% más rico y ganará el 80% de la población. Los más ricos pagarán más de lo que recibirán. Aún así, los ricos seguirían siendo ricos.

–Si la renta básica perjudica el 20% más rico de la población, ¿se podrá implantar la medida teniendo en cuenta el poder de las élites?

–Esta pregunta no es sólo para la renta básica. Es para cualquier medida que beneficie a las clases populares. Cuando se hablaba de las vacaciones pagadas, las élites lo criticaban y se preguntaban qué harían las clases trabajadoras durante estos días de fiesta remunerada. ¿Emborracharse?

–¿Cómo se debe redistribuir la renta?

–A través del cambio del IRPF, una parte de la renta del 20% más rico debería ir a parar a la del 80%. Los ricos seguirán siendo ricos, pero se redistribuirá para que haya más igualdad. Es una medida ambiciosa, pero se han hecho reformas fiscales y económicas más bestias, como salvar la banca, que desde el punto de vista del dinero…

–¿Cree que está funcionando la prueba piloto que se está haciendo en Barcelona, ​​donde un millar de personas en situación de pobreza reciben la renta básica?

–Por lo que me dicen, sí, pero hace cuatro días que ha comenzado. De momento se está viendo que beneficia la salud de las personas. El experimento de Barcelona, ​​a diferencia de otros, aún se está haciendo. Por tanto, aún no se pueden sacar conclusiones.

–Se verá si ha sido un éxito, si cuando dejen de recibir la subvención, tienen un trabajo. En el programa 30 Minuts de TV3 se comentaba que en Namibia, muchos de los que recibieron la renta básica durante una prueba piloto, cuando la dejaron de recibir, tuvieron que cerrar sus negocios. ¿Esto también podría pasar en Barcelona?

–En Barcelona, ​​las condiciones para emprender un negocio no son las mismas que en Namibia. Tampoco te puedo decir cómo acabará, porque todavía no se ha terminado la prueba. Lo que sí se ha demostrado a partir de los experimentos en Namibia y Finlandia es que la salud mental de la gente mejora, porque ya no tienen la angustia de estar buscando un trabajo desesperadamente.

–¿Puede ser una realidad a corto plazo la renta básica en Cataluña?

–Dependerá de si una mayoría social está convencida de que es una medida que merece la pena implantar. Dadas las circunstancias actuales en nuestro país, qué mejor que garantizar la existencia material a toda la población, que es la condición básica para ser libre. Un pobre es una persona que no es ni puede ser libre. Con la renta básica, se podría acabar con la pobreza.

–¿Qué opinas del sector que piensa que esta ayuda anima a la gente a quedarse en casa y no trabajar?

–Hace muchos años que lo dicen, pero los experimentos realizados no llegan a esta conclusión. Al revés. Cuando la gente tiene la existencia material garantizada, tiene más motivación para desarrollar tareas que cuando está condicionada a coger un trabajo precario.

–Con la robotización de los trabajos se ha de experimentar con nuevas políticas sociales. ¿La renta básica es el futuro?

–La renta básica es una medida de política económica muy importante, pero habría que aplicar otras medidas, la renta básica no lo soluciona todo como es obvio. Otras medidas de política económica deberían ser el control de la política monetaria o la implantación de una renta máxima.

–Por último, ¿cómo valora la aplicación de la renta garantizada de ciudadanía en Cataluña?

–Incluso perfectamente aplicada, tiene muchos problemas.

–¿Qué problemas?

–La trampa de la pobreza, que es uno de los problemas más conocidos de los subsidios condicionados. El hecho de que sea incompatible encontrar un buen trabajo con recibir la renta garantizada de ciudadanía hace caer en la trampa. Es una invitación a no coger un trabajo, por ejemplo. En Cataluña, en muchos casos, si no coges el trabajo que te ofrecen, te sacan el subsidio. Y normalmente no son trabajos fantásticos.

–¿En qué otros casos la renta garantizada no funciona?

–Por ejemplo, en una familia de 3 o 4 miembros, las condiciones es que nadie tenga trabajo, y si alguien encuentra, perjudica a los demás. Es un problema no sólo de la renta garantizada sino de todas las subvenciones condicionadas.

–¿La renta básica se ha aplicado a algún sitio?

Lleva 30 años aplicándose a Alaska, pero de una manera muy particular, sin hacer una reforma fiscal.

Fuente: https://www.pressenza.com/es/2019/04/daniel-raventos-salvar-la-banca-es-mas-bestia-que-dar-una-renta-basica-a-todo-el-mundo/?fbclid=IwAR0Evg4uIt1d8vh6e5j0py-DFpY2_v4SvHFx6GBUjcRCXCiefaUJvv2UJ8s

Feminismo y Renta Básica

¿Por qué el feminismo debería apostar por la Renta Básica Universal?

El trabajo no remunerado de sostenimiento de la vida debería reconocerse. Tenemos que encontrar mecanismos de redistribución de toda la riqueza y este ingreso mínimo podría ser uno

3 de Abril de 2019

¡Hola! El proceso al procés arranca en el Supremo y CTXT tira la casa through the window. El relator Guillem Martínez se desplaza tres meses a vivir a Madrid. ¿Nos ayudas a sufragar sus largas y merecidas noches de fiesta? Pincha ahí: agora.ctxt.es/donaciones

Lo sabemos todas: la crisis sigue. Crisis económica, pero también ecológica, política y de cuidados. Algunos hablan de crisis civilizatoria. (Ya no creemos que todo irá a mejor mañana en la Historia). De estas crisis conocemos sus consecuencias más oscuras: la emergencia de la ultraderecha en todo el planeta, la medianoche del siglo que apenas comienza. Una ultraderecha que dice ofrecer una salida radical, una salida violenta y reaccionaria a esa crisis sistémica, y a la indeterminación y al miedo de las vidas en el alambre. Necesitamos propuestas osadas. Estamos obligadas a poner de pie medias que nos lleven a otra modelo de sociedad, pero también a encarnar los movimientos que las hagan posible. Decrecer redistribuyendo recursos y dinero; frenar el cambio climático que amenaza toda vida; reducir la jornada laboral y repartir el trabajo; ganar batallas al capital que permitan conquistar nuevos derechos como una Renta Básica Universal (RBU) que nos dé más poder y más libertad…

En esta medianoche del siglo que se cierne, el feminismo despunta como el movimiento más capacitado para dar esta pelea por su nivel de movilización y de penetración social, por su capacidad discursiva. ¿Pero por qué a día de hoy entre las demandas del feminismo más autónomo no se encuentra la Renta Básica Universal? Recordemos, esa individual, incondicional –sin ningún requisito de empleo o de obligatoriedad de buscarlo–, mediante la que se le proporciona a todos el mínimo necesario para vivir. Una medida que podría darnos un respiro a la mayoría y que sin duda mejoraría la autonomía de todas las mujeres y sobre todo las más precarias. Lo cierto es que en el feminismo hay algunas reticencias respecto a esta propuesta que tienen que ver con cómo se han configurado las luchas por la emancipación de la mujer desde los años 60.

¿Salario es emancipación?

En los 60 y 70 el feminismo –tanto el liberal como buena parte del marxista clásico– luchó porque las mujeres pudiesen trabajar fuera del hogar en pos de un salario, porque en nuestra sociedad renta equivale a independencia y libertad pero también a visibilidad pública y poder social. Las conquistas de estos feminismos, y la ola de la que formaron parte, fueron importantes porque mostraron el rechazo de las mujeres a seguir encerradas en el hogar. Sus reivindicaciones ponían el acento en nuestro “derecho a trabajar”. Para las liberales porque significaba el derecho a “ascender socialmente” –por eso se centraban y se centran hoy en políticas de techo de cristal–. Igualdad para ellas era igualdad de oportunidades –en el trabajo–, no de condiciones y posibilidades de vida.

Muchas marxistas ortodoxas encuadradas en organizaciones de izquierdas las acompañaban en el viaje al mundo del trabajo remunerado. Para ellas, el ámbito laboral ha sido siempre el espacio de organización política por excelencia –donde se constituía la clase obrera como clase– y por eso muchas veían en el trabajo asalariado la única posibilidad para las mujeres de poder impulsar conflictos verdaderamente equiparables con los que planteaban los hombres en la fábrica. No siempre entendían otras formas de confrontación con el capital ni de rastrearlas en los numerosos conflictos que acababan desencadenando las limitaciones que impone el capitalismo a la reproducción de la vida: luchas por la vivienda, contra la escasez o los elevados precios de los alimentos, por servicios públicos o urbanos, etc..

Las mujeres de clase trabajadora de la época que estaban organizadas contestaban a ambas tendencias empleadocéntricas: “Nosotras ya trabajamos fuera de nuestras casas, muchas veces limpiando las vuestras”, pero además lo que hacemos en nuestros hogares también es trabajo. Por ejemplo las Welfare Mothers en los EEUU de los años 60, un movimiento de afrodescendientes que se organizaron para mejorar las ayudas estatales para familias monoparentales encabezadas por mujeres de bajos ingresos. Decían: “Nos dais un subsidio como una limosna, nos llamáis parásitos sociales, pero ignoráis el trabajo que hacemos en los hogares y los beneficios que proporcionamos al Estado por el mantenimiento de la fuerza de trabajo nacional”. Denunciaban, por ejemplo, lo paradójico de reconocer el cuidado infantil como trabajo solo cuando se hacían cargo de los hijos de otras y no de los suyos. (Es decir, cuando mediaba un salario.) O el absurdo de que si les quitaban la tutela de sus hijos por no poder mantenerlos, las madres de acogida recibían más ayudas que las que el Estado hubiese destinado a ellas mismas para el mantenimiento de esos mismos niños que les eran arrebatados. Denunciaban el infierno surrealista en el que a veces se convierte el sistema de ayudas sociales.

Sí, el trabajo de cuidados, también el no remunerado, es trabajo. El feminismo marxista del área de la autonomía –como Silvia Federici, Mariarosa Dalla Costa o María Míes– se encargó de teorizar esta cuestión ampliamente. El capitalismo había conseguido crear una jerarquía laboral –trabajo pagado fuera del hogar frente a trabajo gratuito “por amor” en la casa– que le había permitido ocultar áreas enteras de explotación –naturalizarlas e invisibilizarlas–. Ellas descubrieron que el salario es un mecanismo de regulación no solo del ámbito mismo de la producción, sino también del mundo no asalariado, como sucede con el trabajo del hogar que queda subordinado al salario del marido –el patrón de la casa–. (Esto estaba en la base de la división sexual del trabajo sobre la que se erigirán el resto de desigualdades).

Dinero es autonomía

Hoy el salario familiar –el del marido que sostiene a toda la familia– ya apenas existe y hacen falta dos –o más– para poder sobrevivir. En casa también nos esperan muchas veces las mismas tareas de las que quisimos huir. Vivimos asfixiadas. Además cada vez es más difícil conseguir un trabajo en condiciones, o en realidad, cualquier trabajo. Ya sabemos que el “pleno empleo” –que nunca existió realmente– hoy simplemente se muestra como una utopía, o quizás tan solo una mentira que permite ir tirando entre trabajo de mierda y trabajo de mierda. (Así les llama David Graeber). Empleos que cada vez se dan en condiciones más degradantes o inestables y, por supuesto, los peores están feminizados. Es cierto, la salida masiva de las mujeres de los hogares en pos de un salario nos ha dado cierta independencia respecto de los hombres que duermen con nosotras, pero nos ha encadenado a los otros patrones con los que no dormimos. En el capitalismo el trabajo no es un ámbito de emancipación, sino de explotación, y no hay placer, orgullo o creatividad alguna en ser explotada. No al menos para la mayoría, las de los trabajos feminizados y precarios.

Así, aunque existan muchas dudas respecto a la Renta Básica, la obra de las feministas postmarxistas sirve para pensar de nuevo esa cuestión. El trabajo no remunerado de sostenimiento de la vida, de “reproducción de la fuerza de trabajo”, es trabajo y por tanto, debería estar remunerado mientras exista un capital que extraiga beneficios de esa misma mano de obra que todavía sigue siendo necesaria. (El capitalismo todavía depende del trabajo reproductivo no asalariado para contener el coste de la mano de obra). Es decir, tenemos que encontrar mecanismos de redistribución de toda la riqueza que producimos colectivamente, tanto en los hogares, como fuera de ellos. Hay que tener en cuenta que cada vez son más los trabajos y la producción social no salarizados –desde la creación de información, significados y cultura en las redes, hasta las becas o el trabajo informal o marginal–. La Renta Básica podría ser uno de estos mecanismos que, sumada a la defensa y ampliación de los servicios públicos –salario indirecto–, contribuiría a darnos más poder, más tiempo y más libertad.

El feminismo más clásico, el empleadocéntrico, critica la Renta Básica porque considera que una medida solo puede considerarse feminista si contribuye a la igualdad en el ámbito laboral. Sin embargo, habría que decir más bien que será feminista o no, en la medida que aporte mayor autonomía a las mujeres de cualquier manera, a la mayoría de nosotras. ¿Y acaso no hace eso el dinero en nuestro mundo? Quizás en un futuro seamos capaces de crear otro tipo de sociedad, pero de momento, renta es autonomía. En el caso de las mujeres, además, disponer de recursos también implica menor dependencia respecto de los varones: más posibilidades de salir de una situación de violencia machista en la relación de pareja, por ejemplo, o de no tener que soportar trabajos de mierda o abusos sexuales en el ámbito laboral por miedo a ser despedida.

“Queremos dinero, trabajo nos sobra”. Coreaban las madres y padres del bloque infantil de la manifestación del 8M, así como en los 70 algunas feministas reclamaban: “Queremos tener los hijos que deseamos y no solo los que podemos mantener”. El rechazo al trabajo del hogar no implicaba un rechazo a la reproducción sino a la reproducción en los términos del capitalismo, un rechazo a la forma de subordinación de estas tareas dentro de una forma de organización determinada, señalaban Selma James y Maria Rosa Dallacosta. No es que no queramos criar, sino que no queremos hacerlo en las condiciones que nos impone este sistema. Que este cuidado sea además más igualitario entre hombres y mujeres, y entre lo público y lo “familiar”, dependerá de diversas luchas que todavía tenemos que llevar adelante.

Porque ninguna medida de política institucional que podamos imaginar va a transformar completamente la sociedad y tampoco va a conseguir automáticamente la igualdad total. Ninguna estrategia es la definitiva, ninguna va a acabar con el capital o el patriarcado: sino que sirven o no en la medida en la que te permiten cambiar la relación de poder y luchar con mayor capacidad. Creo que la Renta Básica podría contribuir a eso, y proporcionarnos tiempo además, para impulsar las luchas necesarias para transformar la sociedad o al menos, para frenar esta salida violenta a la crisis sistémica a la que llamamos postfascismo.

Fuente: https://ctxt.es/es/20190403/Firmas/25373/Nuria-Alabao-renta-basica-universal-trabajo-no-remunerado-autonomia-mujeres.htm